Hoy día vemos como las diferentes autoridades de salud en conjunto con las empresas y negocios privados, dedican tiempo y recursos en comunicar y crear conciencia a las personas sobre la importancia, la forma y frecuencia correcta con la que debemos higienizar las manos a fin de evitar la propagación de virus y baterías patógenas que provocan enfermedades como COVID 19, influenza y otras infecciones causadas por bacterias.

Sin embargo, este esfuerzo parece no bastar, pues aún son muchos los individuos que no siguen el protocolo correcto de lavado. Y adicionalmente, desconocen de la importancia de secarlas después, aumentado así el riesgo de transportar microorganismos al tocar superficies como las perillas o agarraderas de las puertas, instrumentos de trabajo y otras.

Recordemos que unas manos húmedas podrán recoger y distribuir más microorganismos, de manera más fácil que unas manos secas. 

Es por esta razón qué además del lavado, debemos promover el secado de manos de preferencia con toallas de papel y no así con secadores de chorro.

Aunque ambos métodos cumplen el propósito de secar, hacerlo con toallas de papel tiene la ventaja que el papel absorbe el agua de las manos de manera eficiente y rápida a la vez que elimina residuos de suciedad por acción de arrastre o por fricción.

Un estudio recientemente publicado por la Editorial de la Universidad de Cambridge en nombre de la Sociedad de Epidemiología Sanitaria de América (The Society for Healthcare Epidemiology of America) muestra que:

  1. El resultado de las pruebas en el secado de manos que aún estaban contaminadas (como ocurre a menudo después de un lavado deficiente), redujo la carga microbiana en manos y cuerpo, con un efecto significativamente mayor después del uso de toallas de papel en comparación con el uso del secador de aire.
  2. La posibilidad de contaminar una superficie posterior al secado, es 10 veces mayor con el secador de aire que con una toalla de papel.
  3. También se observó que la contaminación microbiana fue sustancialmente mayor en el cuerpo o el tronco del usuario después del uso del secador de aire. Importante resaltar que la contaminación detectada desde el delantal (colocado sobre el tronco) a los brazos del participante del estudio hasta las superficies ambientales se transfirió directa e indirectamente a las superficies solamente después del uso del secador de aire a chorro. Esto es preocupante, ya que las distintas superficies u objetos contaminadas se convierten en reservorios de microorganismos que se pueden obtener a través del contacto con las manos. 

Información extraída de la siguiente publicación de la Universidad de Cambridge:  Published online by Cambridge University Press:  17 March 2021https://doi.org/10.1017/ice.2021.43

Dicho estudio se llevó a cabo en un ambiente hospitalario, donde pacientes, trabajadores de la salud y visitantes comparten las áreas de servicios sanitarios. Pero esta situación no dista mucho de los riesgos que se presentan en las industrias y centros de oficinas, donde con un solo colaborador o visitante que se presente enfermo o que porte algún tipo de germen o virus, podría desencadenar un brote por no lavar y secar bien sus manos, y potenciar el peligro si utiliza secadores de chorro de aire.

Entonces podemos concluir que secarse las manos es un paso complementario y necesario después de su lavado. Además, que existen claras diferencias entre el método de secado con toallas de papel y el secado por chorros de aire, donde cargas microbianas resultaron considerablemente mayores.

Si lo que queremos es reducir las posibilidades de contaminación a causa de la diseminación de microorganismos no deseados en nuestros lugares de trabajo y atención al público, debemos mantener abastecidos los servicios sanitarios y áreas de lavado de manos con los insumos necesarios (mínimo suministro de agua, jabón y toallas de papel).

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